"Por organismos internacionales de toda solvencia España ha sido declarado el mejor país del mundo para nacer, el más sociable para vivir y el más seguro para viajar solos sin peligro por todo su territorio. Según The Economist, nuestro nivel democrático está muy por encima de Bélgica, Francia e Italia. Pese al masoquismo antropológico de los españoles, este país es líder mundial en donación y trasplantes de órganos, en fecundación asistida, en sistemas de detección precoz del cáncer, en protección sanitaria universal gratuita, en esperanza de vida solo detrás de Japón, en robótica social, en energía eólica, en producción editorial, en conservación marítima, en tratamiento de aguas, en energías limpias, en playas con bandera azul, en construcción de grandes infraestructuras ferroviarias de alta velocidad y en una empresa textil que se estudia en todas las escuelas de negocios del extranjero. Y encima para celebrarlo tenemos la segunda mejor cocina del mundo.
Frente a la agresividad que rezuman los telediarios, España es el país de menor violencia de género en Europa, muy por detrás de las socialmente envidiadas Finlandia, Francia, Dinamarca o Suecia; el tercero con menos asesinatos por 100.000 habitantes, y junto con Italia el de menor tasa de suicidios. Dejando aparte la historia, el clima y el paisaje, las fiestas, el folklore y el arte cuya riqueza es evidente, España posee una de las lenguas más poderosas, más habladas y estudiadas del planeta y es el tercer país, según la Unesco, por patrimonio universal detrás de Italia y China.
Todo esto demuestra que en realidad existen dos Españas, no la de derechas o de izquierdas, sino la de los políticos nefastos y líderes de opinión bocazas que gritan, crispan, se insultan y chapotean en el estercolero y la de los ciudadanos con talento que cumplen con su deber, trabajan y callan".
(Manuel Vicent, El país, 18/11/18)
Muchas veces, no tenemos peor enemigo que nosotros mismos y de eso los españoles sabemos muchos. Ya lo decía Joaquín Bartrina:
"Oyendo hablar a un hombre, fácil es
acertar dónde vio la luz del sol;
si os alaba Inglaterra, será inglés,
si os habla mal de Prusia, es unfrancés,
y si habla mal de España, es español”.
A ver si aprendemos a querer un poco lo nuestros (empezando por nosotros mismos y siguiendo por quienes nos rodean) y a reconocer nuestra valía: España de viejos, complejos. ¡No tengas miedo!, ¡este es tu día!
Batman, Ned Stark, John Snow, Jean Valjean, don Quijote de La Mancha, Capitán América, William Wallace... son algunos de los hombres que llevaron hasta sus últimas consecuencias aquello en lo que pensaban, gente auténtica, gente que no se vendía, personajes reales o de ficción que fueron, son y serán auténticos ejemplos de entereza. Gente que luchaba por un mundo mejor pese a saber que iban a ser cuestionados por todo el mundo. Gente que hace seguir creyendo en la condición humana. Autenticos "escoceses" por su corazón valiente, nacidos en diferentes universos y momentos, "guardianes del muro", "caballeros oscuros"... protectores de lo que de verdad importa en tiempos de tinieblas.
Esto que todos ellos tienen en común, es lo que el filósofo prusiano Inmanuel Kant definía como el "Principio categórico moral".
El siguiente vídeo, utilizando como base el ejemplo de los Stark de Invernalia (Game of Thrones) explica muy bien todo esto.
Preparemos nuestros mejores zapatos para meterle una buena patada al principio maquiavélico de que "El fin justifica los medios" (y los miedos).
"No voy a jurar algo que no puedo cumplir. Hablad sobre mi padre todo lo que queráis. Decid que esta fue la actitud que hizo que lo mataran. Pero cuando demasiadas personas hacen falsas promesas, las palabras dejan de tener significado. Entonces no hay más respuestas. Sólo mejores y mejores mentiras y las mentiras no nos ayudarán en esta lucha".
John Snow
Otro buen ejemplo de esto, lo encontramos en Jean Valjean en la obra de Víctor Hugo "Los miserables". El protagonista, tras un duro debate interior, decide hacer lo correcto y confesar su "culpabilidad" antes que meter a un inocente en la cárcel. Aún sabiendo que ponía en riesgo la seguridad de más gente (otro claro ejemplo de que el fín no justifica los medios).
A continuación, ofrezco la versión llevada al cine de esta obra (basada en un musical de los años 80):
Who am I?, por Jean Valjean
"¿Quién soy yo?", "¿de donde vengo?", "¿a qué estoy llamado?", "¿este mundo se rige por un principio superior?", "¿las cosas tienen sentido?",... pienso que son preguntas que nos tenemos que hacer todos en serio al menos una vez en la vida, independientemente de las respuestas a las que lleguemos. Si no, corremos el riesgo de andar como zombis (o "caminantes blancos") por el mundo.
Nuestros "guardianes del muro" tomaron su propia decisión: nadar a contracorriente pero con una fuerte convicción de estar haciendo lo correcto (es lo que algunos llaman "llamada del deber" o "call of duty").
Este espíritu, este afán por agrarrase incondicionalmente a la opción vital, también lo encontramos en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo:
"Hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes"(Dt 30, 19)
"...y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32)
Como no podía ser de otra forma, también nos lo recuerda Mel Gibson, cuando encarna a nuestro queridísimo William Wallace (recomiendo que visitéis la primera entrada):
"Luchad y puede que muráis. Huid y viviréis. Un tiempo al menos..."
También nos invita a esta lucha el gran Frank Sinatra "a su manera" en su célebre "My way". A modo de canción hace una bella despedida que es -al mismo tiempo- una firme defensa de los valores que defendemos la gente de Wallace´s People. ¡Eso si que es saber morir con dignidad en el campo de batalla".
"And now, the end is near And so I face the final curtain My friend, I'll say it clear I'll state my case of which I'm certain I've lived a life that's full I traveled each and ev'ry highway And more, much more than this, I did it my way... Regrets, I've had a few But then again, too few to mention I did what I had to do I saw it through without exemption, I planned each charted course, Each careful step along the byway And more, much more than this, I did it my way... Yes, there were times, I'm sure you knew, When I bit off More than I could chew But through it all, When there was doubt I ate it up and spit it out I faced it all and I stood tall And did it my way... I've loved, I laughed and cried I had my fill, my share of losing And now, as tears subside, I find it all so amusing To think I did all that And may I say, not in a shy way, "oh, no, oh no not me, I did it my way". For what is a man, what has he got? If not himself, then he has naught. To say the things he truly feels And not the words of one who kneels The record shows I took the blows And did it my way... Yes, it was my way..."
He disfrutado mucho haciendo esta entrada y espero que hayáis disfrutado. Así mismo, me gustaría que ésta diera pie a reflexiones y debates enriquecedores. Os invito a escribir comentarios.
Hoy en día casi no encontramos tiempo para respirar, ¡cómo encontrar tiempo para pensar! Vivimos en una sociedad en la que impera la mediocridad y el conformismo. Apenas quedan personas dispuestas a morir por sus ideas o, si quedan, lamentablemente no solemos escuchar sus voces.
Os invito, amigos míos, a no tener miedo de seguir nadando a contracorriente.
Joaquín Sabina, uno de los grandes cantautores (y poetas, añadiría yo) españoles dice en su canción "Pájaros de Portugal", lo siguiente:
¡Qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad!
Es una llamada frente al inconformismo que muchas veces impera en nuestra sociedad. ¡Cuántas veces nos conformamos con lo fácil, con lo primero que está al alcance...! Perdiéndonos la aventura de vivir, sufrir, caer y levantarnos... aprender.
En esta nuestra sociedad de lo inmediato, la que no tiene tiempo ni para pensar, qué difícil se hace a veces mirar más allá de la luz de los faros, plantear nuevos horizontes. Abrirse al riesgo.
En este sentido, me llamó mucho la atención una parte de la entrevista que le hizo Pablo Motos a un malagueño de pro como es Antonio Banderas. Quien encarnara al "Zorro", nos sorprendía con estas sabias palabras sobre el "espíritu americano" (lo más interesante empieza en el minuto 1:15):
Esto tiene que ver con el espíritu escocés: ¡qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad!... "Libertad": si William Wallace fuera una palabra sería esta (por otra parte, según Hollywood es lo último que dijo). Frente a la opresión del pensamiento único, de esa inercia mediocre: soñemos y luchemos por la libertad.
Mucha gente sabe que Thomas Alva Edision es, oficialmente, el inventor de la bombilla.
Lo que la mayoría, probalmente, no se imagina son los múltilples intentos que este hombre tuvo que realizar hasta dar con ella. Thomas Edision tuvo que mirar de cara al fracaso en múltiples ocasiones.
Cuentan que, en una ocasión, un amigo le preguntó: "¿no piensas que has perdido mucho tiempo hasta dar con la solución?". Con una cariñosa sonrisa, el hoy célebre inventor, le respondió ingeniosamente:
"No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla"
Cada golpe en el camino puede ser una nueva oportunidad, un aprendizaje inédito que te puede llevar en el futuro a oportunidades que hoy no imaginas.
¡Disfrutemos con gusto del presente!, de nuestros aciertos ¡y también de nuestros fallos!, disfrutemos del simple hecho... de ser humanos.
Luchad y puede que muráis. Huid y viviréis, un tiempo al menos. Y al morir en vuestro lecho, dentro de muchos años, ¿no estaréis dispuestos a cambiar todos los días desde hoy, por una oportunidad, solo una oportunidad de volver aquí a matar a nuestros enemigos? Pueden que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán ¡la libertad! (Braveheart, 1995).
Fight and you may die. Run and you'll live, at least a while. And dying in your beds many years from now, would you be willing to trade all the days from this day to that for one chance, just one chance to come back here and tell our enemies that they may take our lives, but they'll never take our freedom! (Braveheart, 1995).